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Al aproximarnos a su morada nos recibe un muro realzado con cerámicas aún en plena realización e incremento, pues el artista se afana ahora en situar un banco sobre un piso de cerámica en la portada de entrada.. Esto nos indica su febril necesidad de continuar ampliando su incidencia como una forma de influir en la belleza del lugar.

Adentrarnos en su espacio vital es sucumbir ante su riqueza creativa desbordante sobre pisos y paredes con elementos cerámicos y con esculturas, amén de la muestra de pinturas y dibujos suyos expuestos en la galería de la casa-taller. Históricamente le ha caracterizado un marcado interés por ofrecer homenajes con su obra a distintas personalidades artísticas. Nos recibe la alusión a Isla negra, homenaje a Pablo Neruda; a Onelio Jorge Cardoso con su Caballito de coral y a Alejo Carpentier con El reino de este mundo.

Le sigue la Torre de cerámica; no es más que el sitio donde se cocinan los alimentos que se degustan, más tarde, en La Mesa de los cubanos, de cerámica decorada. Es todo un reconocimiento a la mesa andaluza por el uso del agujero central - donde se empotra el amplio plato que circula - y un reconocimiento a las catorce provincias de Cuba por estar diseñada para esta cifra de comensales. Pero es sobretodo un homenaje al huevo, alimento paradigmático de la cocina cubana, expresado en la forma ovoide de la propia mesa.

Detrás aparece La ventana del amor, abertura del muro con diseño de un corazón con hierro forjado superpuesto pintado de color rojo, que deja ver el interior de la galería. El portal lateral, se sustenta por quince columnas con un mosaico central dedicado a temas específicos, entre otras se destacan: La columna del amor, con alusión a José Martí: la del desamor; la de la música, donde se refiere a Quiéreme mucho o a Lágrimas negras, joyas del repertorio universal. Paralelamente está dispuesta la piscina de cerámica (8 x 3 m), decorada con motivos del mar donde priman las sirenas, habilitada gracias a la construcción de un pozo cisterna que la abastece.

Toda la obra de Fúster constituye una verdadera crónica de la cultura popular cubana a través de la presentación de sus gentes y costumbres, mediante un estilo de corte surrealista abordado de una manera muy personal donde subyace una fuerte base ingenua.

El Homenaje a Antonia no podía faltar. Recuerda a Ñica con gran cariño y respeto. Inspirada en La anunciación hace una escultura con ese mismo nombre y aún en pleno proceso creativo. Consiste en una máquina de coser en desuso acompañada por una cerámica que representa una figura femenina, sobre una base revestida de mosaicos decorados.

A un costado de la casa se destaca la terraza donde impera altanera Shangó, escultura de ferro cemento y cabillas, ejecutada por especialistas de la CUJAE, a partir de la técnica maya de ejecución. De la parte superior salen estructuras arqueadas que proporcionan volumen y elegancia a la pieza central. El amplio colorido se resalta por la integración de los colores rojo, amarillo y verde en esta pieza monumental.

La presencia de la figura del gallo (encima de la torre de cerámica) sintetiza la frase de la canción popular que le atribuye cualidades de rey. Esta escultura provee al área de un singular estado de gracia y de distracción.

El recorrido culmina en la azotea donde una instalación de un conjunto de cerámicas en las que alternan diversas motivaciones; aparecen los balseros, una vaca y otros animales abordados por el creador en la variante del barro con esmaltes sometido a temperaturas superiores a los 1000 grados.

Todo este recorrido ha estado matizado por un alto sentido lúdicro que no obvia la incidencia en la cocina y el baño de la vivienda. La ascensión sobre escalones de mosaicos decorados contribuye a reforzar el encanto peculiar de este proceso creativo. El proyecto desborda sus límites espaciales para intervenir en áreas anexas a su casa-museo radicada en la comunidad de Jaimanitas. Su propuesta parte del desarrollo orgánico de la influencia de su quehacer cotidiano en cada pedazo de este hogar donde se respira regocijo por la vida dentro del arte.

Para constatarlo, El muelle del amor nos despide con su corazón rojo en lo alto de la escultura, símbolo de la felicidad por la creación en una fecunda e interminable realización artística plena de humor y optimismo.

   

 

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